Las enfermedades y las emociones

De cierta forma, es difícil para mí escribir sobre este tema…¿por qué? Pues porque conozco a muchas personas que actualmente están librando una ardua batalla contra enfermedades grandísimas, fuertísimas…enfermedades que creemos que nunca nos alcanzarán a nosotros o a nuestros hijos, hasta que llegan. Estos casos, son de toda mi admiración y me ayudan a tener perspectiva para lidiar con mis “problemas" del día a día. Por eso (y muy sabiamente) un amigo me dijo una vez: “los problemas, si se pueden solucionar con dinero o tiempo, no son problemas.” Vuelvan a leerlo y reflexionen al respecto. Tiene mucho de cierto…¿o no?

Sin embargo, cuando nuestros hijos enferman (hasta de las cosas más sencillas) nuestra actitud define en gran parte el proceso de la misma. Claro, estamos hablando de una situación médica, que por supuesto responde a mecanismos físicos, pero se nos olvida también que las emociones que mostramos como padres, también afectan nuestro organismo (y al de nuestros hijos). ¿Cómo reaccionamos frente a ellos a sus malestares? ¿Qué palabras utilizamos? ¿Estamos tomándoles la temperatura demasiado frecuentemente? ¿Cuándo hablamos con el doctor y ellos nos escuchan, cuál es nuestro tono de voz? ¿Qué escuchan que le decimos a nuestra pareja al respecto?

Esto es aún más cierto si nuestros hijos son pequeños: mientras mas jovenes, más permeables son y más absorben lo que sentimos. Al interiorizar nuestras emociones (las de sus padres), se desata un complejo mecanismo psíquico, en donde el cuerpo deja de “prestar atención" a sanar de la enfermedad y comienza a enfocarae a lidiar con las emociones y preocupaciones propias, y de los cuidadores primarios también. Recordemos que un niño, siempre va a querer que sus papás estén bien.

Soy mamá y por supuesto que entiendo (porque me pasa) que podemos tender a preocuparnos más de la cuenta con enfermedades, golpes y malestares menores. Pero es importante que tengamos en mente lo siguiente:

  1. Nuestros hijos no perciben el mundo como es, lo perciben a través de nuestros ojos y de cómo lo vemos nosotros.
  2. Se ha demostrado científicamente, que un estado de ánimo positivo, no cura per se una enfermedad, pero sí tiene un impacto directo en el curso de la misma.

La psiconeuroinmunología demuestra cada vez más, la relación innegable entre mente y cuerpo; por lo mismo, cuando estamos atravesando un proceso de lucha contra alguna enfermedad la forma en la que gestionamos nuestras emociones tiene la capacidad de hacer más o menos corto el desarrollo de la misma.

Parece sencillo, pero en la práctica puede resultar difícil.

¿Se animan a retarse e intentarlo?