Por nuestro propio bien resguardémonos

Hace mucho tiempo leí un artículo de cómo generaciones atrás, acostumbraban tratar los virus y enfermedades con remedios naturales y  mucho reposo, sin salir de sus casas, hasta que estuvieran completamente curados. 

Ahora, por alguna razón está mal quedarse en su casa y suspender actividades mientras el cuerpo se recupera. La gente se considera “arrecha” por estar trabajando con una gran gripe, o más responsable por llegar a clases con el virus, cuando realmente no se dan cuenta que además de no cuidarse, están poniendo en riesgo la salud de los demás.

El cuerpo al estar batallando con un virus, presenta una serie de síntomas, que no son más que las formas en las que lucha para recuperarse, como por ejemplo, estornudos, congestión nasal, diarrea, vómitos, fiebre, etc. Y cuando tomamos una medicina que alivia estos síntomas, no quiere decir que estemos curados, sino que simplemente estamos tratando de sentirnos mejor, pero el cuerpo sigue en la batalla y mientras nosotros descansamos, tomamos medicamentos y remedios caseros, propiciamos el mejor ambiente para que nuestro cuerpo vaya recuperándose y así poder regresar a nuestras actividades normales, en cuanto nuestro organismo, nos indique que sin necesidad de medicinas, estamos bien.

Pero ahora con tal de no atrasarnos en el trabajo, no ganar el famoso challange, perdernos un par de clases o el evento del mes, nos atascamos de medicamentos y salimos de nuestras casa, a literalmente luchar, con las defensas bajas, lo que hace aún más difícil poder recuperarnos y además nos hace mucho más propensos a contraer otras enfermedades y volver aún más grave la situación que ya se presenta. Ahora bien, si una persona decide salir enferma, conoce su cuerpo y sabe que no pasará de otros dos días con fiebre, congestión, dolor  y malestar, pensará que está en su derecho, pero no entiende que puede exponer a alguien más, a la misma enfermedad.

Casos de casos:

  • En una oportunidad, escuché a una persona ponerse de ejemplo ante un grupo diciéndoles “este tipo de actividades es muy importante para la Iglesia y no pueden faltar, yo la vez pasada vine con Rotavirus, tenia 40 de fiebre y no paraba de temblar, pero era mi responsabilidad estar aquí.” Se imaginan a cuantas personas pudo haber contagiado, tomando en cuenta que son espacios con aire acondicionado, lo que hace aún más fácil que los virus se propaguen.
  • En otra ocasión estábamos en un play date con niños y una de las mamás se levantó a contestar una llamada, regresa a la mesa y dice: “era del pediatra, para darme los resultados de  los exámenes que les acabo a los niños antes de venir… el chiquito tiene mononucleosis.” Ir a un play date, cuando existe la probabilidad de que nuestros hijos tengan alguna infección o virus, no es para nada lo más indicado, no digamos si te llaman y te dicen que tu hijo tiene un virus contagioso.
  • Hace unos meses, una persona tocía horrible en un evento, su tos no era leve como las que quedan después de salir de una gripe, sino que resonaba y se veía que causaba dolor, acto seguido explica: “ay es que estoy saliendo de una enfermedad horrible que me dio, bueno todavía estoy en esas.” No entiendo por qué si es una enfermedad horrible, se comete la imprudencia de salir aún sabiendo que todavía no se está del todo recuperada.
  • O el post en redes “Aquí con todo y la gripe, pero sin faltar a un entreno.” Increíble, que el cuerpo está pidiendo a gritos un descanso y lo callamos con ejercicio.

Es cierto a veces pasa (y justo me pasó hace unas semanas), que llegamos a un lugar y estamos incubando un virus, nos empezamos a sentir mal mientras estamos en alguna reunión y no nos queda más que decirlo a quiénes tenemos cerca, para que tomen sus precauciones y tratar de regresar a nuestra casa lo antes posible.

A nosotros nos pasó

Cuando Santino era un bebé de diez meses, Stefano que en este tiempo tenía seis años regresó del colegio con un virus, tenía un poco de fiebre, congestión nasal, dolor de cabeza y de garganta, lo dejamos en casa por dos días, con los cuidados necesarios. Al tercer día ya estaba recuperado, regresó al colegio nítido, justo para darnos cuenta que Santino empezaba con el virus. Era su primer virus y la fiebre no bajaba, estaba lleno de flema y no paraba de toser. Lo llevé con el pediatra y nos mandó hacer exámenes, que dieron como resultado: Virus Sincicial Respiratorio, del cual nunca había escuchado. El doctor me explicó que en niños mayores de dos años es un virus respiratorio que se presenta como un resfriado, sin mayor riesgo, pero que en bebés menores de 12 meses es delicadísimo. Me mandó un arsenal de medicinas, ampollas para nebulizarlo tres veces al día. Hasta ese momento nunca había usado una nebulizadora, pero las primeras veces también llegan con el segundo hijo. Además de explicarme todo lo que debería de hacer el doctor me dijo que no lo bañara, y que cualquier cosa por favor lo llamara, lo cual me repitió varias veces. Fueron dos semanas de encierro y cuidados, a la tercera semana empezó a recuperarse, pero luego de dos semanas de estar bien  volvió a recaer, así que nuevamente llegué con el doctor, y me explico que el Virus Sincicial Respiratorio presenta una recaida justo al mes de haberse recuperado, y fue en ese momento que me dijo “Dele gracias a Dios que no paró en el hospital, porque ese virus es fuertísimo para los bebés, tanto que sus vías respiratorias se quedan afectadas.”  En efecto, luego del VSR, cualquier gripe que le daba a Santino, era un proceso de remedios, medicinas, nebulizaciones, vaporizador, aceites, etc.…  más me tardaba en guardar todo en el botiquín, que en volverlo a sacar. Hasta hace un año que cumplió cuatro años, entramos a otra etapa, sus vías respiratorias crecieron y ahora las gripes pasan sin complicación y sin tener que desempolvar el nebulizador.

El punto de la historia, es que realmente no tenemos idea, de lo que podemos llegar a exponer a alguien más por salir de nuestra casa, con síntomas o alguna enfermedad contagiosa.

No es recomendable salir si ha presentado alguno de los siguientes síntomas dentro de las últimas 24 horas:

  • Si ha tenido fiebre
  • Si tiene secreción nasal abundante ya sea de color transparente, verde o amarilla.
  • Si tiene fuerte dolor de garganta, estómago, cabeza, oídos, huesos, cuencas de los ojos.
  • Si tiene diarrea o asientos.
  • Si tiene los ojos llorosos, vidriosos, enrojecidos y con alguna mucosidad verde o amarilla.
  • Si tiene alguna erupción en una porción de piel, que presente comezón, ardor o dolor.
  • Si tuvo piojos y no está completamente seguro de haberlos exterminado (créanme conozco casos de mamás que han mandado a sus hijos al colegio, con algún residuo de liendres en el cabello).

 

En lo personal me cuesta mucho el encierro, pero he tenido que entender que el cuerpo lo necesita, que a veces un día más en casa, hace completamente la diferencia, que no es solo por mí, sino por la gente que puedo contagiar.  Ahora con mis hijos me he vuelto aún más cuidadosa, del consultorio del doctor regreso a mi casa y ya solo pido a Meykos las medicinas que me recetaron a domicilio, incluso vía Whatsapp.